lunes, 24 de agosto de 2009

"MOTIVOS DE PROTEO", DE RODO




Leí por azar este libro que me hizo quedar meditabundo; volví a confundirme en el bullicio de las gentes y las cosas; olvidé la impresión que el libro me causó; pero andando el tiempo, llegué a averiguar que aquella lectura, sin yo removerla, había labrado de tal modo dentro de mí, que toda mi vida espiritual se había impregnado de ella y se había modificado según ella.

Esa lectura –ese libro– es MOTIVOS DE PROTEO, del ensayista uruguayo José Enrique Rodó. A 100 años de su primera edición (1909) quisiera resucitarlo en este blog, transcribir apartes, parafrasearlo, comentarlo, mantenerlo presente siempre.


Todo el libro, por dicha, ya se puede gozar online en la página del Instituto Cervantes:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12482954220138282976846/index.htm


Motivos de Proteo me ha servido muchísimo para la vida, para esa educación sentimental de la que habla Flaubert. Con Motivos de Proteo he estado aprendiendo que, ante todo, debemos ser fieles a nuestros cambios y transformaciones, o de lo contrario nos estancaremos y, adiós, moriremos.

Es el libro más interesante de Rodó desde un punto de vista artístico (su prosa ondulante se parece a esa oratoria heterodoxa de los antiguos, o mejor, a las olas del mar). Es un clásico. Útil a la vida. Acaso inservible para la educación ortodoxa porque no infla, sino que nutre.

Cada tanto iré poniendo reflexiones tomadas de este ensayo impresionante. Por ahora, arranco con los primeros párrafos en que Rodó nos insiste en la importancia de sabernos seres cambiantes.



MOTIVOS DE PROTEO -fragmentos-



Por José Enrique Rodó


"Reformarse es vivir... (...)


Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno, sino muchos. Y estas personalidades sucesivas, que emergen las unas de las otras, suelen ofrecer entre sí los más raros y asombrosos contrastes.

Desde qué día preciso dejaste de creer? ¿En qué preciso día nació el amor que te inflama?- Pocas veces hay respuesta para tales preguntas. Y es que cosa ninguna pasa en vano dentro de ti; no hay impresión que no deje en tu sensibilidad la huella de su paso; no hay imagen que no estampe una leve copia de sí en el fondo inconsciente de tus recuerdos; no hay idea ni acto que no contribuyan a determinar, aun cuando sea en proporción infinitesimal, el rumbo de tu vida, el sentido sintético de tus movimientos, la forma fisonómica de tu personalidad. El dientecillo oculto que roe en lo hondo de tu alma; la gota de agua que cae a compás en sus antros oscuros; el gusano de seda que teje allí hebras sutilísimas, no se dan tregua ni reposo; y sus operaciones concordes, a cada instante te matan, te rehacen, te destruyen, te crean... Muertes cuya suma es la muerte; resurrecciones cuya persistencia es la vida.

Perseveramos sólo en la continuidad de nuestras modificaciones; en el orden, más o menos regular, que las rige; en la fuerza que nos lleva adelante hasta arribar a la transformación más misteriosa y trascendente de todas...

Somos la estela de la nave, cuya entidad material no permanece la misma en dos momentos sucesivos, porque sin cesar muere y renace de entre las ondas: la estela, que es, no una persistente realidad, sino una forma andante, una sucesión de impulsos rítmicos, que obran sobre un objeto constantemente renovado"