domingo, 14 de noviembre de 2010

Espacio, espacio es lo que tenemos




Bogotá colapsó. Deberíamos pensar en la fundación de una nueva ciudad-capital. Planear el futuro como los brasileños cuando en los años sesenta diseñaron Brasilia para descongestionar a Río de Janeiro y así poblar otra zona de su inmenso país.

Pensemos en nuestras planicies casi deshabitadas de los Llanos Orientales e imaginemos una ciudad a la orilla del río Meta, cerca a Puerto López donde dicen que está la mitad exacta de Colombia. Pensemos en el corredor del Magdalena Medio, otra llanura salpicada de pequeños puertos de varios departamentos, que se podrían unificar en una gran ciudad trazada con grandes parques y avenidas, arborizada, sin tanto tráfico y con un gran río navegable de por medio como vía de transporte y fuente de alimento. Pensemos también en los mosquitos y en el calor insoportable. Preferible mil veces a desgastarnos en el tráfico infame. Espacio, espacio es lo que tenemos... 

La vega inundable del río Meta
El antiguo Teusaquillo de los muiscas que encontró Quesada en 1538 se desparrama en una urbe desastrosamente planeada. Todos los días se levantan edificios nuevos, pero las vías siguen siendo las mismas de hace 20 años. Bogotá no se desocuparía ni mucho menos desaparecería; antes mejoraría en circulación y en calidad de vida si lograramos trasladar gran parte de las entidades públicas de la nación (edificios y palacios) y una gran universidad con hospitales a esa nueva ciudad en los Llanos Orientales o en el Magdalena Medio. Ya no hace falta que Bogotá sea la sede del poder central para que sea importante.

En cambio, hace falta poblar, unificar más de la mitad del territorio nacional a merced de grupos ilegales. Eso sí, dejemos quietico el trapecio amazónico: ese pulmón debe permanecer intocable de carreteras o grandes centros urbanos. Toquemos más bien esas pampas orientales regadas de ríos navegables que fluyen hacia el Orinoco, subaprovechados. O bien, edifiquemos esa ciudad-capital en el Magdalena Medio para unir verdaderamente el interior del país con la Costa Caribe.

El centro de Bogotá ya no da abasto. En tan pequeño rincón diseñado en tiempos coloniales se aprietan cantidad de ministerios y más de 20 universidades. Medio país viene a parar allí. Ya no da abasto. Se ha vuelto inaccesible desde el norte, el sur y el occidente –y no sólo por el cierre o el arreglo de vías para poner transmilenio. Ni el utópico metro, me temo, podrá descongestionar un centro de calles estrechísimas, casi sin parques e insultado de grises parqueaderos. Deberíamos recuperar el centro de Bogotá como patrimonio arquitectónico.

Ojalá que la celebración del Tricentenario (porque no hay mal que dure cien años) sea en esa nueva ciudad: CIUDAD COLOMBIA, podría llamarse, o NUEVA COLOMBIA, o COLOMBIAPOLIS...