miércoles, 6 de marzo de 2013

ANTES DE QUE LLEGUEN LOS HISTORIADORES


Esta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia del Papa Chávez, soberano absoluto del reino de Venezuela, que vivió en función de dominio durante 14 años y murió en olor de santidad un martes del marzo en curso, y a cuyos funerales no vino el Sumo Pontífice porque acababa de renunciar. Ahora que la nación sacudida en sus entrañas ha recobrado el equilibrio; ahora que los taxistas de La Guaira, los contrabandistas del Táchira, los petroleros de Maracaibo, las prostitutas del barrio Petare, los llaneros del Apure y los azucareros de Yaracuy han colgado sus toldos para restablecerse de la extenuante vigilia, y que han recuperado la serenidad y vuelto a tomar posesión de sus estados el presidente de la república y sus ministros y todos aquellos que representan al poder público y a las potencias sobrenaturales en la más espléndida ocasión funeraria que registren los anales históricos; ahora, aunque el Concilio Vaticano no haya escogido todavía al Sumo Pontífice, y que es imposible transitar en Caracas a causa de las botellas vacías, las colillas de cigarrillos, los huesos roídos, las latas y trapos y excrementos que dejó la muchedumbre que vino al entierro, ahora es la hora de recostar un taburete a la puerta de la calle y empezar a contar desde el principio los pormenores de esta conmoción nacional, antes de que tengan tiempo de llegar los historiadores.[1]





[1] Parafraseo a García Márquez [Véase Los funerales de la Mamá Grande, Editorial Suramericana, Buenos Aires, 2011, p. 46].