lunes, 10 de junio de 2013

ÉCFRASIS


La luz de las diez de la mañana baña de fulgor las reproducciones de la pinturas de mi apartamento. El Marte de Velásquez parece mirarme mejor, sin enfado. La maja desnuda de Goya parece mas cómoda y sus senos gigantes y sus anchas caderas y su vientre plano son regodeos para la luz. Los borrachos de Velázquez, con esta luz, parecen convidarme a un trago.  El amarillo de Tolouse Lautrec cobra una rara tibieza. A mi izquierda el pequeño planchón de madera, remolcado por dos hombres, se acerca al muelle principal, para cargarse de material en la inmensa construcción de la Torre de Babel, oh Brueghel.