viernes, 8 de noviembre de 2013

El erotismo: la ideología política de Octavio Paz




Me invitaron a Puebla de los Ángeles a exorcizar mis demonios sobre Octavio Paz. Entre el martes 6 y el miércoles 7 de noviembre de 2013 Diana Hernández Suárez y yo disfrutamos de intensas conversaciones, ponencias, polémicas, formalidades, ruido, desayunos, banquetes, postres, a ratos frío, mucho amor. Publicaré, en lo que ajusto detalles para las memorias del Coloquio, algunos fragmentos de mi ponencia:

[...]
Las Revoluciones y los sistemas políticos del mundo contemporáneo seguirán fracasando si solo se preocupan por la soberanía del pueblo y no por la libertad del individuo. El erotismo constituye la dimensión más individual del ser humano. Naturalmente implica también una preocupación social. Octavio Paz pensó que no hacía falta fundar otro partido político o sostener otra ideología, sino realizarse como individuo mediante un erotismo-humanista. Por eso para mí uno de sus mejores poemas, de sus poemas-ensayos, se llama La llama doble. Me parece a la vez un tratado político más profundo que aquellos a los que están acostumbrados los estudiantes de ciencias jurídicas, políticas y psicológicas, porque indaga en un asunto que se escapa a la regulación y al ordenamiento jurídico de todos los Estados y sistemas políticos. Me refiero a la sexualidad y al erotismo individual:

¿Quien controla todos los Priapos con el falo henchido dispuestos a coger “con todo lo hermosamente penetrable”, como dice otro poeta [Gómez Jatin], “a metérselo hasta a una mata de plátano”? ¿Y quién controla a todas las ninfas deseosas de Priapos, al Gran Coño de la Naturaleza devoradora de hombres?

Siempre que salpica un problema social o político, los franceses tienen un dicho: cherchez la femme, busca la mujer. No se trata de una concepción machista. Simplemente detrás de todo problema social o político hay un problema amoroso, pasional, de celos, de desprecio, odio y amor. Hoy podemos sentirnos masa y creer ilusoriamente que pertenecemos a una comunidad, a un país, a una cultura, pero apenas llegamos a nuestro cuarto y nos desnudamos sabemos que no somos más que un cuerpo solitario en el Cosmos. Aun con nuestra pareja –novia, amante, esposa– se desencadena una lucha política constante, incesante. Porque el otro siempre nos vas a ser inaccesible. Paz apuesta por la única salida posible, la del amor:

"La entrega, aceptar la libertad de la persona amada. ¿Una locura, una quimera? Tal vez, pero es la única puerta de la cárcel de los celos. […] el amor es una apuesta insensata por la libertad."[1]    

Este conocimiento del individuo implica necesariamente una exploración en el lenguaje secreto de la poesía. [...]




[1] La llama doble, Obras Completas VI, Galaxia Gutenberg-Circulo de Lectores, Barcelona, 2003, p. 910.