miércoles, 6 de diciembre de 2017

Para un análisis de El laberinto de la soledad



El epígrafe de El laberinto de la soledad (FCE, México, 1950) es de un libro de Antonio Machado titulado Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo), publicado originalmente en 1936. Se trata de un profesor apócrifo, inventado por el poeta español Antonio Machado, en el que a su vez se dialoga con alumnos apócrifos en torno a  todo tipo de temas.

• Abel Martín creía con “fe poética”, no menos humana que la “fe racional”, en lo otro, en “la Esencial Heterogeneidad del ser, como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno”.  Aquí podemos ver la idea de hacer de la poesía una religión, idea que obsesionó tanto Paz que no sólo interpretó poéticamente a México, sino que después hizo una teoría literaria basada en este supuesto: El arco y la lira.

Primer capítulo: "El Pachuco y otros extremos”. La inspiración romántica: o de cómo Paz, al hablar de México, está hablando de sí mismo. 

Comparación con la adolescencia. Desde 
 el principio, Paz quiere apartarse de lo
 típico: “A pesar de la naturaleza, casi 
siempre ilusoria de los ensayos 
de psicología nacional, me parece 
reveladora la insistencia con que en ciertos
 periodos los pueblos vuelven sobre sí
 mismos y se interrogan”. (p. 14)

¿Se trata caso El laberinto de la soledad
de un ensayo de psicología nacional o
 plantea más cosas y se acerca más,
 digamos, a un ensayo poético-psicológico?

Al primer poeta que cita Paz en este 
capítulo es a Novalis, un poeta del
 romanticismo alemán que vivió entre
 1772 y 1801, autor, entre otros libros, del
 poemario Himnos a la noche (Hymnen
an die Nacht), en el que creó el término
 “idealismo mágico” consistente en 
potenciar la participación activa del Yo
 en la construcción del mundo

¿Qué tanto hay en El laberinto de la
 soledad de este idealismo mágico? 

Paz creía, con Samuel Ramos, que el
 sentimiento de inferioridad provoca 
una impotencia creadora, es decir,
 que refuerza las facultades críticas a
 expensas de las creadoras. ¿Es ello
 cierto? ¿Pero no es la crítica una
 forma en sí de la creación?

Por otra parte, Paz supone que
 México es un pueblo nuevo
adolescente. ¿Qué quiere decir con
 ello? ¿No son las ciudades y las
 universidades mexicanas más
 antiguas que las de Estados Unidos?
 Cuando Sor Juana Inés de la Cruz
 componía su poema Primero sueño
 no había para entonces ningún poeta
 en Estados Unidos.

Paz parece influenciado por la 
Filosofía de la historia de Hegel 
(para entonces recientemente
 traducido en 1928 con prólogo de
 José Ortega y Gasset), puesto que
 para Paz la Historia es la
 encarnación del Estado-Nación
 moderno (el nacido después de la
 Revolución francesa de 1789), y en
 México tal Estado-Nación no logra
 abarcar a toda la población. Por lo
 tanto, hay poblaciones marginales
 que viven antes de la Historia (sin
 Estado) y otras al margen de ella
(del Estado-Nación).

Si para Paz la Historia moderna
 es la comandada por el Estado-
Nación producto de 
la Revolución francesa, buena
 parte de México –según él– 
está sumido en la inercia indo-
española. Tal inercia se opone a
 la minoría de mexicanos que sí
 poseen conciencia de sí, es
 decir, que sí tienen
 nacionalismo y comulgan con
 la idea cuasi religiosa del
 Estado-Nación.  

Lo del sentimiento religioso
aparece de nuevo cuando habla
 de la soledad. Dice Paz:
 “Nuestra soledad tiene las
 mismas raíces que el
 sentimiento religioso […]
, tentativa por reestablecer los
 lazos que nos unían a la
 creación?” (p. 23). Pero, ¿a
 cuál creación? ¿A la del
 vientre materno en términos
 freudianos? ¿A la de las
 culturas originarias y el
 indigenismo? [No olvidemos
 que en 1960 se inauguraría en
 México el gigantesco Museo 
de Antropología]. 

Paz compara la crítica mexicana 
con la crítica estadounidense. La
 de los angloamericanos es una
 crítica valerosa y decidida, pero 
que respeta los sistemas y nunca 
desciende hasta las raíces. Ellos
 están presos en esquemas o
 arquetipos. El negro es afro-
american y el mexicano, si tiene
 la nacionalidad, mexican-
american o de la comunidad
 latina. Los únicos americanos 
son los white anglo saxon 
protestant. Por eso dice Paz:
 “Semejante confabulación no
 puede sino provocar violentas 
reacciones individuales”. (p. 27).
 Con ello Paz parece adelantarse 
a toda la problemática de la 
drogadicción que actualmente
 existe en Estados Unidos.
Por otra parte, Paz confiesa al
final haberse identificado más 
con los españoles, al menos
 cuando visitó Valencia en 1937 
durante la Guerra Civil española.
 Dice: “en aquellos rostros –
 rostros obtusos y obstinados, 
brutales y groseros, semejantes a 
los que, sin complacencia y con
 un realismo, acaso encarnizado,
 nos ha dejado la pintura
 española” (p. 28). Veamos. 

Goya

Goya (detalle)





Otras influencias de Paz: los ensayos sobre el  problema de España


Al circunstanciar la escritura de
El laberinto de la soledad en
 1950, conviene analizar el
 contexto histórico de acuerdo
 con Anthony Stanton:

“El momento histórico era propicio 
por varias razones. La Revolución 
mexicana había sufrido una
 marcada evolución desde la fase
 armada o guerra civil (1910-1920),
 mediante la consolidación o
 institucionalización de la 
Revolución durante el “maximato”
, cuando Plutarco Elías Calles
 inventó la solución coyuntural del
 PNR (Partido Nacional
 Revolucionario) en 1929, y este 
proceso había llegado a una especie
 de ápice durante el periodo sexenal  de Lázaro Cárdenas, que
 transformó el mismo partido en el 
PRM (Partido de la Revolución 
Mexicana) en 1938. Después, en 
1946, el presidente Manuel Ávila
 Camacho lo rebautizó como el PRI
 (Partido Revolucionario
 Institucional), el partido de Estado
 de mayor duración en el mundo
 (estuvo en el poder de manera 
ininterrumpida durante 71 años, 
hasta que perdió las elecciones 
presidenciales en junio de 2000, y 
retornó al poder en 2012).

(Stanton, El río reflexivo, FCE-
Colmex, 2015, p. 223-
224).


Al divinizar la historia de la
 Revolución mexicana, Paz
 divinizó, inconscientemente, a
 su adversario. Concibió el fervor
 revolucionario como una fiesta
en la que el mexicano,
 embriagado de sí mismo, halló
 su razón de ser. Su ontología. 




domingo, 19 de noviembre de 2017

La destrucción del Valle de México ("Palinodia del polvo", de Alfonso Reyes)

Cuando, el 2 de agosto de 1913, Alfonso Reyes abandonó en ferrocarril la Ciudad de México, este era más o menos el paisaje que vio por última vez - el pintado por José María Velasco - en el que todavía la vista hacia el oriente se extendía sobre un escenario natural (sin urbanizar) y era, en efecto, "la región más transparente del aire", tal como Reyes lo pintó (Reyes era un pintor con palabras) en 1915 en su famoso texto Visión de Anáhuac.

Valle de México de José María Velasco



Valle de México de José María Velasco



Cuando, en 1940, Reyes ya estaba radicado de nuevo en la Ciudad de México tras casi treinta años de ausencia, el paisaje había cambiado radicalmente y ya era - hasta cierto punto - el que podemos contemplar  ahora no bien nos subamos a un cerro o a un avión: 

Fotografía de Pablo López Luz

  Reyes escribió entonces un pequeño ensayo lleno de imágenes y sugerencias, que se puede leer completo haciendo clic en el título “Palinodia del polvo”. En él expresó el horror ante el crecimiento desaforado de la masa urbana:

"¿Es ésta la región más transparente del aire? ¿Qué habéis hecho, entonces, de mi alto valle metafísico? […] ¡Oh desecadores de lagos, taladores de bosques! ¡Cercenadores de pulmones, rompedores de espejos mágicos! Y cuando las montañas de andesita se vengan abajo, en el derrumbe paulatino del circo de montañas que nos guarece y ampara, veréis cómo, sorbido en el negro embudo giratorio, tromba de basura, nuestro valle mismo desaparecerá. Cansado el desierto de la injuria de las ciudades; cansado de la planta humana, que urbaniza por donde pasa, apretando el polvo contra el suelo, cansado de esperar por siglos de siglos, he aquí: arroja contra las graciosas flores de piedra contra las moradas y las calles, contra los jardines y las torres, las nefastas caballerías de Atila, la ligera tropa salvaje de grises y amarillas pezuñas. Venganza y venganza del polvo. Planeta condenado al desierto, la onda musulmana de la tolvanera se apercibe a barrer tus rastros. Y cuando ya seamos hormigas –el estado perfecto– discurriremos por las avenidas hechas de conos de briznas y de tamo, orgullosos de acumular los tristes residuos y pelusas; incapaces de la unidad, sumandos huérfanos de la suma; incapaces del individuo, incapaces de arte y de espíritu –que sólo se dieron entre las repúblicas más insolentes, cuya voz ya apenas se escucha, que la gloria es una fatiga tejida de polvo y de sol–.[1]"         



[1] Reyes, “Palinodia del polvo”, Ancorajes [1928-1948], Obras completas XXI, FCE, México, 200, pp. 61-62."Palinodia del polvo"

Teoría de México en Visión de Anáhuac

Teoría en griego quería decir también visión, por un lado, y Anáhuac es hasta cierto punto sinónimo de México, por el otro, con lo cual Visión de Anáhuac es un título que perfectamente podemos traducir como Teoría de México



La primera regla del paisajista es no hacer parte del paisaje. La segunda regla del paisajista es amar al paisaje tanto como a sus ojos.
Inmensa flor de piedra

            Los pintores y escritores de un país por lo general nunca violan la segunda regla. Pero sí la primera. Porque, para evitar hacer parte del paisaje, hay que haber salido fuera del país y tener agudizado el sentido de la vista –los ojos– por otros paisajes y otras formas. La universalidad vuelve al escritor o pintor, hasta cierto punto, un extranjero en su propia patria. 

Los paisajes o pasajes  literarios más íntimos y luminosos del Valle de México, del Anáhuac, se los debemos seguramente a Alfonso Reyes, que no era capitalino de nacimiento y que había agudizado su alma y su retina en París y en Madrid entre 1914 y 1915, exiliado por el periodo más violento de la Revolución mexicana (por Carranza y Villa) y excitado por el correlato vanguardista de la Primera Guerra Mundial, es decir, por el futurismo y el cubismo. Entre muchos otros detalles de la gran Tenochtitlan imaginada por Reyes es impresionante su descripción de uno de los momentos más importantes de la historia de la Cristiandad, el momento en que Cortés y sus hombres se asoman al Valle del Anáhuac: 

"Y fue entonces cuando, en envidiable hora de asombro, traspuestos los volcanes nevados, los hombres de Cortés ("polvo, sudor y hierro") se asomaron sobre aquel orbe de sonoridad y fulgores —espacioso circo de montañas. A sus pies, en un espejismo de cristales, se extendía la pintoresca ciudad, emanada toda ella del templo, por manera que sus calles radiantes prolongaban las aristas de la pirámide. Hasta ellos, en algún oscuro rito sangriento, llegaba —ululando— la queja de la chirimía y, multiplicado en el eco, el latido del salvaje tambor."

La chispa o el estímulo literario de Visión de Anáhuac hay que buscarlo en un texto más o menos similar de otro exiliado mexicano de la época, compañero de Reyes tanto en el Ateneo de la Juventud como en sus primeros meses en Madrid, esto es, en La querella de México (1915) de Martín Luis Guzmán. En ella,  Guzmán culpó a la población indígena de ser “un lastre o un estorbo”, sin más función que “la del perro fiel que sigue ciegamente los designios de su amo”. Desvaloró el pasado prehispánico y despachó como sanguinarios y crueles a las antiguos dioses aztecas.

Sin atacar la tesis de Guzmán –dominado por las sutilezas mexicanas que le impedían caer en polémica pugnaz– Reyes escribió Visión de Anáhuac como una contestación a La querella de México. En lugar de acusar de “lastre” al legado indígena, le concedió un valor espiritual –hegelianamente hablando– a los antiguos aztecas (pero no a sus descendendientes), ya que los primeros habían colaborado en la desecación del Valle de México. Aquellos “hombres ignotos”, decía, tenían una “amplia y meditabunda mirada espiritual”. No fueron meros accidentes del paisaje. Vieron en el Valle de México un símbolo –en el nopal, el águila y la serpiente– que los llevó a asentarse “sobre aquellos lagos hospitalarios” y a fundar una ciudad que se dilató en una “civilización ciclópea, como la de Babilonia y Egipto”. Sin embargo, tanto Babilonia como Egipto fueron civilizaciones “orientales” en las que –siguiendo con una hegeliana filosofía de la historia– no había aparecido aún el espíritu.

No hay indigenismo –tal como lo entendemos hoy– en Visión de Anáhuac. Lo que hace pragmático este texto es justamente lo contrario, la aceptación de que el esplendor indígena ha quedado subsumido y que ya no se puede volver a él. 

La etimología de Anáhuac daría pie para largas dilucidaciones. Bástenos por ahora recordar que se deriva de la palabras “atl” (agua) y “nahuac” (locativo que significa “circunvalado o rodeado”), y que si se antecede con el vocablo “cem” (traducción del adverbio “totalmente”), tenemos que “Cem Anáhuac” era el nombre dado por los antiguos aztecas al mundo conocido –el valle de México encima de los dos océanos– del cual ellos se sentían el centro, es decir, amos y señores.

Para leer más al respecto, enlazamos  a"Teoría de México en Visión de Anáhuac"

domingo, 12 de noviembre de 2017

Literatura, ciencia y robotización

En el Diccionario de Autoridades (1611) de Sebastián de Covarrubias, Literatura se define como el “conocimiento y ciencia de las letras”. Covarrubias define así el significado de Letras: “Se toma muchas veces por las ciencias, artes y erudición”.

Es decir, hasta hace unos siglos Literatura englobaba a Ciencia, Tecnología y Arte. No resultaría extraño, por ello, que por ejemplo el término Robot tenga origen en una obra literaria.

No estoy en contra de la robótica. Para nada. Menos cuando el término robot salió de la fantasía, de la literatura, de la mente de un escritor y filósofo checo llamado Karel Capek.  Déjenme contarles la historia.

Karel Capek, quien nació en Praga el 9 de enero de 1890 y quien fue uno de los escritores en lengua checa más importantes del siglo XX, publicó hacia 1920 una obra teatral titulada R. U. R. (Robots Universales Rossum).

¿De manera que la robótica la inventó un escritor, un novelista? Bueno, no exactamente. Karel Capek simplemente popularizó la palabra robot, que en checo originalmente significaba o era un sinónimo de esclavitud y que sigue estando asociado a trabajos forzados. Cuando la obra teatral de Karel Capek, R. U. R. (Robots Universales Rossum), se estrenó en Praga (que para entonces una era una ciudad bullente de cultura, con sus palacios y puentes magníficos sobre el Moldava, afluente del Elba, y en donde por esos mismos momentos escribía Franz Kafka su Metamorfosis), cuando se estrenó con tanto éxito Robots Universales Rossum, digo, compañías extranjeras de inmediato la estrenaron a su vez en los mejores teatros de Londres y de Nueva York.  Desde entonces la palabra robot se popularizó para simbolizar aquellos aparatos tan útiles. La obra de Capek, naturalmente, puso en escena robots. La obra consiste en una empresa que construye humanos artificiales orgánicos con el fin de aligerar la carga de trabajo del resto de la sociedad. No está nada mal. En la obra aparecían los primeros actores haciendo el papel de robots.

Con lo anterior, quisiera dejar en claro dos cosas. 

La primera es que, por lo general, sin imaginación literaria ni reflexión filosófica ningún proyecto científico o tecnológico ha podido llevarse a cabo –la eficiencia de la ciencia y de las ingenierías en otros países europeos o en Estados Unidos, sin ir más lejos, se debe a que las humanidades –la historia, la literatura, la filosofía– han merecido igual respeto y jamás se despojaron de su importancia. Hay quienes se quejan de que Hispanoamérica no sea tan desarrollada como Europa en términos sociales y en eficacia tecnológica. Tomamos un avión y en 9 horas estamos en París en Frankfurt, pero nos separan siglos de historia –mejor aún, de su conciencia histórica, lo cual es algo que no se puede acelerar o alcanzar importando meramente la técnica, sino estudiando las bases culturales (literarias y filosóficas) que hicieron posible dicha técnica. Dicho de otro modo: la ciencia y la tecnología necesitan de la inspiración del poeta, de la imaginación de un novelista, de la reflexión del filósofo y, ante todo, de la crítica, puesto que sin conciencia crítica nada nuevo puede crearse. Sin esta conciencia crítica, que implica un respeto por el prójimo a la manera del cristianismo más elemental (amarás al prójimo como a ti mismo), viviremos en el conformismo y en el desprecio más absoluto.



En segundo lugar, por más robotizada que esté nuestra sociedad (entendida el adjetivo robotizado como alienado, es decir, sometida la población a trabajos forzados y hasta auto-esclavizada por su propio gusto –hay que ver cómo nos pasamos horas y horas frente a la compu o al celular: trabajando gratuitamente para los algoritmos y cifras y records de visita de las grandes multinacionales, Facebook, WhatsApp, Google), a pesar de todo, digo, nuestra sociedad robotizada es, ante todo, una gran consumidora de productos culturales. La industrial cultural o del entretenimiento es la más rentable del mundo.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Ensayo hispanoamericano del siglo XX (curso-taller)


En el Museo de Arte San Pedro, en el centro histórico de la ciudad de Puebla, la Secretaria de Cultura ha organizado un taller sobre Ensayo hispanoamericano del siglo XX. Me ha pedido que yo lo imparta.

Lo primero que he querido aclarar ha sido el significado de la palabra taller. Vimos que viene del francés atelier y que tiene la misma raíz que "astilla", con lo cual una traducción literal podría ser astillero, es decir, aquel lugar en donde se hacen barcos (ver etimología). En catalán, lengua de mar, sigue hasta cierto punto conservando dicho significado.  

Con esta divagación (de divagaciones están hechos los ensayos) quisiera empezar aclarando que mi aproximación o método de exposición es una guía-tertulia-taller. Guía de lectura; tertulia o comentario libre de tales lecturas, y posterior taller (fabricación del barco en el astillero) para navegar con un escrito propio el mar del ensayo. 

Dado que nuestro lugar de enunciación es México, no hay mejor modo de empezar un curso sobre el ensayo hispanoamericano del siglo XX que leyendo Visión de Anáhuac. 1519, de Alfonso Reyes, publicado en 1917. Lo selecciono en razón de que dicho ensayo abre nuevos horizontes de posibilidades literarias del género merced al cubismo; también porque se despide, al mismo tiempo, de varios idealismos y utopías decimonónicas merced al futurismo. Es una época de vanguardias la que Reyes vive a plenitud en España.  Posteriormente leeremos El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz.


Añado el programa de nuestra curso: 

Ensayo hispanoamericano del siglo XX

Imparte: Dr. Sebastián PinedaBuitrago 

Horario: jueves de 17:30 a 19:30 horas.



Objetivos


Familiarizar al estudiante con la importancia del ensayo dentro la literatura hispanoamericana del siglo XX a través de sus principales exponentes, poniendo énfasis en Alfonso Reyes (1889-1955) y Octavio Paz (1914-1998). Se trata de tender un puente, a través de dichos ensayistas, entre la crítica literaria y la historia social y política, relacionándolos también con otros “campos culturales” en los que se desarrolla la literatura hispanoamericana: periodismo cultural, ámbito editorial, políticas culturales, relaciones internacionales, etc. 

Metodología
El curso se dividirá en dos segmentos principales. En el primero se hará una lectura directa de un corpus escogido de ensayos de Alfonso Reyes (principalmente, Visión de Anáhuac, El suicida y Las vísperas de España), con el fin de trazar un puente entre el género narrativo y el poema en prosa. La obra de Reyes tiende también un puente entre México y España, lo que permite a su vez entender el contexto de la Revolución mexicana y de la Primera Guerra Mundial, así como, posteriormente, de la Guerra Civil española.

En el segundo segmento se hará una lectura minuciosa de algunos ensayos de Octavio Paz como El laberinto de la soledad, junto con otros textos relacionados, con la intención de contextualizar el interés por la identidad mexicana o “latinoamericana” luego de las dos guerras mundiales. La lectura de El arca y la lira y Los hijos del limo, por otra parte, permitirá entender la constante lucha entre racionalismo versus fantasía dentro de la historia literaria, sin olvidar el contexto político mexicano –el régimen del PRI, la masacre del 68, la Guerra Fría, etc. –de la segunda mitad del siglo XX.

Sistema de evaluación

Quien lo desea podrá elaborar un trabajo monográfico que corresponda respectivamente a los dos segmentos del curso: sobre un aspecto de la obra de Alfonso Reyes y sobre algún aspecto de la obra de Octavio Paz. Las características se fijarán oportunamente a partir de una entrevista con el profesor.

Contenido

1.      Breve historia del ensayo hispánico: de la crónica a la prosa de ideas.

La historia del ensayo hispanoamericana podría remontarse a las primeras crónicas de Indias (Bernal Díaz del Castillo, Bartolomé de las Casas, Pedro Cieza de León, etc.), pasando por los tratadistas o moralistas del Siglo de Oro (Fray Luis de Granada, Baltasar Gracián, Quevedo, etc.) hasta los escritores de la era republicana del siglo XIX, como Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento o Justo Sierra. Sin tal tradición sería inexplicable la originalidad de Alfonso Reyes y Octavio Paz. El ensayo moderno fusiona la crónica y el tratado con la poesía, es decir, combina la acción o narración de los hechos con su reflexión o meditación, y expone las ideas con cierta intención estética o poética.

2.      Contexto de la obra principal de Alfonso Reyes

Alfonso Reyes escribe sus ensayos más creativos cuando se exilia en España a causa de la Revolución mexicana y vive en Madrid entre 1914 y 1924. Tres de sus libros, en especial, merecen un estudio a profundidad: a) Visión de Anáhuac, porque pone de manifiesto la fusión entre narrativa-poesía o prosa-poética, así como la importancia del paisaje en la configuración cultural de la identidad hispanoamericana; b) El suicida (acaso su ensayo más filosófico), porque trata de la vitalidad y el optimismo en medio de la Primera Guerra Mundial en Europa; c) Las vísperas de España, por último, porque permite un diálogo con los escritores españoles de la época, como Ortega y Gasset, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, entre otros. La obra de Reyes, en general, interviene en el periodismo de la época y construye una red intelectual que se extiende hasta Argentina (país en el que fue embajador), en donde se tiene como un maestro de Jorge Luis Borges.

3.      Contexto de la obra principal de Octavio Paz

Octavio Paz publica la primera edición de El laberinto de la soledad en 1950, pero a lo largo del tiempo le añade numerosas rectificaciones y posdatas. Es, como se dice en inglés, un work in progress que desde un principio levantó profundas polémicas sobre el nacionalismo mexicano. En tal ensayo, además de analizarse el estilo poético como estrategia retórica, se pueden examinar diversas etapas de la cultura mexicana como la migración a los Estados Unidos, el mestizaje, el centralismo, etc. Por otra parte, El arco y la lira y Los hijos del limo invitan a una reflexión sobre las vanguardias poéticas del siglo XX en medio del conocimiento demasiado racionalizado o institucionalizado, lecturas que pueden complementarse con un texto de la ensayista española María Zambrano, Filosofía y poesía. Por último, como lectura complementaria, El ogro filantrópico ofrece rutas para investigar las políticas culturales de la era contemporánea. 

Lecturas básicas:

Reyes, Alfonso, Visión de Anáhuac / Vísperas de España, en Obras completas II, FCE, México, 1997. 
–––––––––––––, El suicida, en Obras completas III, FCE, México, 1996.
–––––––––––––, Simpatías y diferencias, en Obras completas IV, FCE, México, 1996. 

Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, FCE, México, 2005.
––––––––––, Los hijos del limo, Seix Barral, Barcelona, 1974.
––––––––––, El ogro filantrópico: historia y política, Joaquín Mortiz, México, 1979.

Lecturas complementarias:

Ortega y Gasset, José, Meditaciones del Quijote, ed. de Julián Marías, Cátedra, Madrid, 1998.
_____________________, El Espectador, Obras completas II, Alianza-Revista de Occidente, Madrid, 1983.
Rodó, José Enrique, Ariel-Motivos de Proteo, Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1993
Unamuno, Miguel de, Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, ed. de Nelson Orringer, Editorial Tecnos, Madrid, 2005.
Zambrano, María, Filosofía y poesía, FCE, México, 1997.


Bibliografía sobre A. Reyes:


García, Carlos (ed.), Discreta efusión. Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes. Epistolario (1923-1919) y crón´ica de una amistad, ed. de Carlos García, El Colegio de México-Bonilla Artigas Ediciones, México, 2010.

Martínez, José Luis (ed.), Alfonso Reyes / Pedro Henríquez Ureña. Correspondencia I. 1907-1914, FCE, México, 2004.
Borges, Jorge Luis, “Cómo conocí a Alfonso Reyes”, Boletín de la Capilla Alfonsina 28, México, abril-diciembre de 1973, pp. 47-50. 
Castañón, Adolfo, Alfonso Reyes. El caballero de la voz errante, UANL, Monterrey, 2012.
García Morales, Alfonso, “Alfonso Reyes en España. Salvaciones del exilio, perdiciones de la diplomacia”, en Viajeros, diplomáticos y exiliados en España (1914-1939), ed. de Carmen de Mora y Alfonso García Morales, vol. 1, Peter Lang, Bruselas, 2012, pp. 111-131.
Gutiérrez Girardot, Rafael, Ensayos sobre Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña, ed. de Juan Guillermo Gómez García, Diego Zuluaga Quintero y Andrés Arango, El Colegio de México, México, 2014.
Ibieta, Gabriela, “Alfonso Reyes como precursor de las vanguardias en Hispanoamérica”, Chasqui; revista de literatura latinoamericana, vol. 10, No. 2/3 (Feb.-May., 1981), pp. 47-53.
Myers, Jorge, “El intelectual-diplomático: Alfonso Reyes, sustantivo”, en Historia de los intelectuales en América Latina II. Los avatares de la ciudad letrada, ed. de Carlos Altamirano, Katz Editores, Buenos Aires-Madrid, 2010, pp. 82-87.
Pacheco, José Emilio, “Alfonso Reyes en Madrid (1914-1924)”, en Alfonso Reyes en Madrid. Testimonios y homenaje, ed. de Alfonso Rangel Guerra, Fondo Editorial de Nuevo León, Monterrey, 1991.
Paz, Octavio, “El jinete del aire: Alfonso Reyes”, Generaciones y semblanzas. Dominio mexicano, Obras completas 4, ed. de autor, Círculo de Lectores-FCE, México, 2006.
Perea, Héctor, La caricia de las formas: Alfonso Reyes y el cine, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1988.
Pineda Buitrago, Sebastián, (ed.) Alfonso Reyes, Comprensión de España, Casimiro, Madrid, 2014.
–––––––––––––––––––––––– “Comprensión de España en clave mexicana. Alfonso Reyes y la Generación del 14”, en Revista de Hispanismo Filosófico (núm. 19, año 2014), Asociación de Hispanismo Filosófico-FCE, Madrid, 2014, pp. 11-32. 
Pineda Franco, Adela; Sánchez Prado, Ignacio (eds), Alfonso Reyes y los estudios latinoamericanos. Universidad de Pittsburgh, 2004.
Quintanilla, Susana, Nosotros. La juventud del Ateneo de México. De Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes a José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán, Tusquets, México, 2008.
Stanton, Anthony “Poesía y autobiografía en un momento de la obra de Alfonso Reyes (1908-1916), en NRFH, Tomo LXI, núm., 2, jul-dic., 2013, pp. 521-556.
________________, “Poesía y poética en Alfonso Reyes”, NRFH, XXXVII (1989), no. 2., p. 621.
Willis Robb, El estilo de Alfonso Reyes. Imagen y estructura, FCE, México, 1978.
___________, “La cena de Alfonso Reyes, cuento onírico: ¿surrealismo o realismo mágico?, en revista Thesaurus, tomo XXXVI, núm., 2 (1981), Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1981, pp. 272-283.



Bibliografía sobre Octavio Paz


Faber, Sebastián en “Silencio y tabúes del exilio español en México: Historia oficial vs. Historia oral”, Espacio, tiempo, forma, Serie V, Historia contemporánea, t. 17, 2005, pp. 379-389.
Jaimes, Héctor (coord..), Octavio Paz: la dimensión estética del ensayo, Siglo XXI Editores, México, 2004.
González Torres, Armando, Las guerras culturales de Octavio Paz, El Colegio de México, 2014.
Gutiérrez Girardot, Rafael, Provocaciones, Ariel, Bogotá, 1989.
Rico Moreno, Javier, La historia y el laberinto: hacia una estética del devenir en Octavio Paz, Bonillas Artigas-UNAM, México, 2013.
Stanton, Anthony, El río reflexivo: poesía y ensayo en Octavio Paz (1931-1958), FCE-El Colegio de México, 2015.
­­–––––––––––––––– (coord.), Octavio Paz: entre poética y política, El Colegio de México, 2009.





Bibliografía general sobre el ensayo hispanoamericano


Arciniegas, Germán, “Nuestra América es un ensayo”, en revista Anthropos, n. 234, ed. de Sebastián Pineda Buitrago, pp. 45-53, Barcelona (España).
Aullón de Haro, Pedro, Teoría del ensayo, Verbum, Madrid, 1992.
Barrera Enderle, Víctor, La otra invención: ensayos sobre crítica literaria y literatura de América Latina, Fondo estatal para la cultura y las artes de Nuevo León, Monterrey, 2005. 
–––––––––––––––––––––––, La reinvención de Ariel. Reflexiones neoarielistas sobre posmodernidad y humanismo crítico en América Latina, Conarte, Monterrey, 2013.
Borges, Jorge Luis, Prosa completa 2, Bruguera, Barcelona, 1985. Obras completas, vol. II, Emecé, Buenos Aires, 1996.
________________, Otras inquisiciones, Emecé, Buenos Aires, 1964.
––––––––––––––––, Textos recobrados (1919-1929), ed. de Sara Luisa del Carril, Emecé, Buenos Aires, 1997.
Fuentes, Víctor, “Revistas literarias: desde los orígenes al presente”, en Enciclopedia del español en los Estados Unidos, Anuario del Instituto Cervantes, ed. de Humberto López Morales, Instituto Cervantes-Santillana, Madrid, 2009, pp. 555-562.
Granados, Aimer (coord..), Las revistas en la historia intelectual de América Latina: redes, política, sociedad y cultura, UAM, Cuajimalpa, México, 2012. 
Gutiérrez Girardot, Rafael, El ensayo en lengua española en el siglo XIX, trad. de Juan Guillermo Gómez García, GELCIL-UNAULA, Medellín, 2012.
––––––––––––––––––––––––, Temas y problemas de una historia social de la literatura hispanoamericana, Ediciones Cave Canem, Bogotá, 1989.
Guzmán, Martín Luis, La querella de México, Planeta-Conaculta, 2002.
Henríquez Ureña, Pedro, Ensayos, ed. de José Luis Abellán y Ana María Barrenechea, Archivos, París, 1998.
Katz, Friedrich, The Secret War in Mexico. Europe, The United States and the Mexican Revolution, The University of Chicago Press, Chicago, 1981.
Krauze, Enrique, Caudillos culturales de la Revolución mexicana, SEP-Siglo XXI, México, 1985.
Millares, Selena, (ed.), Prosas hispánicas de vanguardia. Antología, Cátedra, Madrid, 2013.
Pineda Buitrago, Sebastián, Tensión de ideas: el ensayo hispanoamericano de entreguerras, UANL, Monterrey, 2016.
Weinberg, Liliana, Pensar el ensayo, Siglo XXI Editrores, México, 2006.